Stmo. Señor en su Sentencia

Una corazonada que hoy es devoción: Jesús Sentenciado.


«Tengo una corazonada». Con esta frase Francisco Javier Murciano Fuentes se disponía a entrar al estudio de la calle Pureza de un casi desconocido José Antonio Navarro Arteaga, aquella tarde calurosa y pegajosa de mediados de agosto de 1995.


Horas antes habíamos llegado en un Seat 127 a la capital Hispalense, cargados de ilusión y sueños, Fran, José María Murciano, Antonio Moyar y el que escribe. Aquel viaje marcaría un antes y un después en la cuestionada y dudosa empresa que suponía para muchos la fundación de una nueva cofradía.
Las citas previstas con Antonio Dubé de Luque por la mañana y Luis Álvarez Duarte por la tarde, parecían ser las firmes candidatas a convertirse en las opciones decisivas. Así que, para «rellenar» las horas entre una y otra recurrimos a la opción más eficaz de aquel momento: las páginas amarillas. Y en ellas, en el apartado imagineros, fuimos recopilando uno a uno los nombres de posibles visitas complementarias. Así pues, uno tras otro fuimos llamándolos y ubicándolos para confeccionar una peregrinación por las asfixiantes calles sevillanas.


Hubo una llamada que me desconcertó. El artista que descolgaba el teléfono aclaraba que hacía imágenes pero en miniatura y de barro y sentía no poder atender nuestra búsqueda, pero antes de colgar dijo conocer a un muchacho que tenía mucha proyección. Un tal Navarro Arteaga que tenía el taller en Triana, en la calle Pureza, casi enfrente a la Capilla de los Marineros. Y desde una cabina, que ya no existe en la plaza del Duque de la Victoria, hice la llamada a ese imaginero del que conseguimos su contacto por azar.


Y tras las visitas de la mañana, inauguradas con Dubé de Luque, llegamos a la tarde con cierto desaliento y pesar. Pero la calle Pureza nos aguardaba con ganas de pellizcar nuestro ánimo e ilusión. Llegamos para ver a otro imaginero. En aquel punto de la calle Pureza encontramos sin saberlo dos referentes para nuestra hermandad puesto que antes de subir a conocer a Navarro Arteaga, nos asomamos a un pequeño y sencillo taller de orfebrería. Sin saberlo estábamos ante el que sería el diseñador y orfebre del paso de palio de María Santísima de las Penas: Orfebrería Triana. Caprichos del destino.
Tras visitar al joven imaginero que se encontraba ante la hechura de un imponente crucificado (Pasión y Muerte), algo surgió en aquella delegación que tenía el encargo de buscar al imaginero de Nuestro Señor en su Sentencia. Aquella premonición de Fran en la puerta del estudio antes de entrar, y que me confesó con cierto asombro, se vio confirmada por el resto al abandonar el taller.


Nos quedaba visitar en Gines a Álvarez Duarte. Allí que fuimos. Resultaba emocionante visitar a tan prestigioso imaginero que nombra a su vivienda con el nombre de Guadalupe.


Reunidos con el resto de miembros de aquel grupo fundador la decisión corroboró nuestro presagio y el 8 de diciembre, festividad del dogma de la Inmaculada Concepción, se firmaba el contrato de hechura del Señor de la Sentencia en el taller de José Antonio Navarro Arteaga.
Inolvidables e innumerables viajes se sucedieron para presenciar como comenzaba a ser una realidad primero en barro luego en madera la efigie de Nuestro Señor en su Sentencia. Fuimos testigos de excepción de todo el proceso hasta que el 19 de septiembre de 1998, a las 23:07 de la noche entraba en Santa Teresa envuelto en una sábana y portado por aquellos jóvenes fundadores.


Cada uno de aquellos viajes suponía una renovación de nuestro compromiso, ilusión y aliento, que en muchas ocasiones se encontraba mermado por los continuos avatares que nos acompañaron en nuestro largo y desalentador proceso fundacional. Los viajes de vuelta eran sostenidos por la alegría y la esperanza que nos daba ver como poco a poco cobraba «vida» aquella impresionante obra de Jesús maniatado, paciente y humilde, esperando la sentencia dictada por Pilato quien más tarde, junto al resto de imágenes del misterio, también saldría del estudio de Navarro Arteaga.
Aquella corazonada hoy se ha convertido en devoción milagrosa, misericordiosa, caritativa, de paz, silencio y oración. Y cada madrugá inunda con su Humildad, Mansedumbre, Ternura y Paciencia nuestro Camino, Verdad y Vida.


 
AUTOR: Pedro Ángel López Barella

 

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